José Luis López

¿Qué productos de inversión llevan derivados y qué riesgo tienen?

Posted on: enero 18, 2010

 

Fuente : Invertia
http://www.invertia.com/noticias/noticia.asp?idNoticia=2274673

Juan Estébanez

La combinación de derivados financieros e hipotecas ha supuesto un torpedo en la línea de flotación de la economía de muchas familias. Algunas pymes también han sufrido la letal amalgama de swaps junto a líneas de crédito, líneas de descuento o cambio de divisas. ¿Existen más productos con derivados que puedan poner en riesgo el bolsillo de los ahorradores?

La mayor parte de los productos de inversión con cierta complejidad llevan incluidos diversos derivados financieros que sirven para operaciones de cobertura o para facilitar un operativa (trading) más ágil. En su uso destacan sobre todo los hedge-funds, pero también los ETFs, los fondos de inversión tradicionales y los depósitos estructurados.

Los ETFs -fondos cotizados en Bolsa que replican un índice bursátil o una cesta de valores determinados- emplean equity swaps como instrumentos derivados para realizar una duplicación más fiable del índice de referencia. Los ETFs han de cumplir la normativa europea UCIT III que, según explica Francisco Javier López Velayos, director de Marketing de Lyxor, obliga al patrimonio del ETF a tener invertido “como mínimo, un 90% en las acciones y un 10% en otros instrumentos”, como son los swaps. En realidad, el porcentaje de inversión del ETF en derivados suele rondar el 7%.

El swap permite una réplica sintética de la evolución del índice y consiste, en el caso de los ETFs de Lyxor, “en un contrato de permuta entre Lyxor y Société Générale por el que Lyxor le da a Société la rentabilidad que tiene en los activos del ETF y este último le da a Lyxor la rentabilidad del índice”, según explica Francisco Javier López. El único riesgo podría venir de un default del emisor. Tanto los ETFs como los fondos de inversión “son instrumentos seguros porque la gestión está separada del patrimonio del fondo”.

Los fondos de inversión también emplean derivados

Los fondos de inversión tradicionales también suelen llevar algún tipo de derivado. En general, el uso de estos derivados sirve para operaciones de cobertura o para tener posiciones que en cartera y al contado sería más caras, según explica Enrique Borrajeros, director de Abante Asesores. El riesgo de estos derivados es mínimo, ya que “la legislación españole establece límites a la concentración de riesgos y no puede haber posiciones al descubierto con derivados”, señala Borrajeros, quien añade que generalmente, el uso de derivados “beneficia al inversor”.

En general, existen dos tipos de fondos según el empleo que hagan de estos instrumentos: los fondos que emplean los derivados como cobertura y los que los utilizan como el propio objeto de inversión. Estos últimos son los que llevan aparejado mayor riesgo, como el caso de los fondos long-short que pretenden ganar dinero tanto al alza como a la baja del mercado. Hace un par de años irrumpieron en España un tipo de fondos long-short llamados los fondos 130/30, con una cartera larga (130%) en acciones y corta en un 30% en derivados.

Los hedge-funds y similares –como los de estrategia long-short– se caracterizan por un empleo masivo de derivados. Entran aquí los fondos de arbitraje, multiestrategia, convertibles o de gestión de futuros. En el caso de los hedge-funds, “que pueden estar apalancados cinco veces el patrimonio de fondo”, según explica Enrique Borrajeros, el uso de derivados es grande y comporta más riesgo, pero están dirigidos a un inversor especializado y precisan de un patrimonio mínimo de 50.000 euros.

Uso habitual en fondos garantizados

Entre los fondos de inversión tradicionales, más adaptados al perfil de un inversor normal, el caso más evidente del empleo de derivados se encuentra en los fondos garantizados, tanto de renta fija como de renta variable. Los garantizados, que prometen la recuperación de un alto porcentaje del capital invertido (generalmente de entre el 80% y el 100%) más un tanto% de revalorización de un índice o un conjunto de valores, emplean activos de renta fija para devolver el capital inicial y derivados empleados para obtener la rentabilidad del índice o cesta de referencia.

En el resto de fondos, los derivados se emplean esencialmente para coberturas. Es corriente el uso de opciones o futuros en una pequeña proporción en fondos de renta variable para adaptarse mejor a los cambios del mercado sin tener que deshacer posiciones.

Fuera de la industria de fondos, otro tipo de productos que emplean derivados son los depósitos estructurados. El problema que arrostran no es el uso de derivados en sí, sino la forma en que se comercializaban. Según Fernando Herrero, secretario general de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros de España (Adicae), “estos productos estructurados se vendían como depósitos”, cuando realmente son “productos complejos que combinan un depósito a plazo con un producto estructurado.”

Borrajeros aclara que estos productos “no se explicaron bien” y que, por lo general, ofrecen una rentabilidad fija durante un corto periodo de tiempo y una rentabilidad variable que depende de la evolución de un índice o una cesta de acciones. En muchos casos, algunos tienen el formato reverse convertible que acaban trocando, bajo determinadas condiciones, el depósito en acciones de renta variable. “Transforman un producto conservador en renta variable”, para lo que “trabajan con un derivado”.

Las hipotecas más swap, demoledoras para los clientes

El peligro de algunos derivados se ha puesto de manifiesto en los swaps que algunas entidades han colocado a las hipotecas de sus clientes. Bajo diferentes denominaciones (clips, CAP hipotecario, permuta de tipos, cobertura de tipos…) bancos y cajas han vendido un producto de inversión especulativo y susceptible de grandes pérdidas.

Técnicamente no cabe hablar de derivados incluidos en las hipotecas, ya que el swap se vendía como un producto independiente. La excusa era servir de protección ante la escalada del Euríbor puesto que las entidades lo ofrecían como un `seguro´ a sus clientes sin advertir de que se trataba de un sofisticado producto de inversión con grave riesgo de pérdidas, según han relatado a Invertia una plataforma de afectados (Asuapedefin) y las asociaciones de usuarios, Ausbanc y Adicae .

Efectivamente, el swap otorgaba una `protección´ al cliente si el Euribor subía por encima del tipo de interés fijado. En ese caso, la entidad financiera abonaba la diferencia. Pero no en todos los casos: como relata Patricia Suárez, presidenta de la Asociación de Afectados por Permutas y Derivados Financieros (Asuapedefin), en algunos casos bancas y cajas sólo abonaban un tramo de la diferencia. El verdadero tormento para el cliente llegó ante la bajada del Euríbor, algo que se ha producido en el último año: al caer por debajo de los tipos fijados, el cliente ha tenido que hacerse cargo de la diferencia. No por casualidad, según señalan los afectados, la mayor parte de estos swaps se han comercializado en hipotecas ya constituidas con un Euríbor alto y cuando la expectativa de las entidades eran de tipos de interés decrecientes.

No sólo los tenedores de hipotecas se han visto afectados por estos falsos `seguros´. También muchas pymes se han visto obligadas a contratar líneas de crédito, préstamos o líneas de descuento junto a swaps disfrazadas de pólizas de seguro. Incluso una `protección´ frente al riesgo del cambio de divisa en importaciones y exportaciones.

Lo peor en todos los casos ha sido a la hora de intentar cancelar estos derivados. A los clientes se les aseguraba una cancelación “fácil y gratuita” en caso de que no les interesara el producto. Lo cierto es que, según Aidcae, la liquidación se llevaba a cabo mediante “una incomprensible fórmula matemática en la que intervienen principalmente el tiempo que falta hasta acabar el contrato y la diferencia entre el tipo fijado y el tipo de interés existente en el momento de la liquidación”. En el caso de los hipotecados el coste podía oscilar fácilmente entre los 3.000 y los 15.000 euros. Para las pymes la factura es ostensiblemente más elevada.

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