José Luis López

La famosa señora Cédula, de apellido Hipotecaria

Posted on: mayo 11, 2009

Por ANA R. CAÑIL (SOITU.ES)

Ha vuelto a la fama desde el martes pasado, aunque tiene 150 años de historia. La pobrecilla tiene un nombre que echa para atrás, se llama Cédula y de apellido Hipotecaria. Dos palabras horrorosas para los tiempos que corren. Además, de entrada, dices Cédula y alguno entiende férula y suena a yeso del brazo, aparato de los dientes o dispositivo ortopédico. En fin, que no tiene remedio, pero mejor es pensárselo antes de olvidarse de ella.

La Batalla de Kunersdorf, de la Guerra de los Siete Años, según el pintor Alexander Kotzebue.

Al fin y al cabo, en los próximos meses vas a oír hablar de ella, un privilegio hasta hace poco reservado para los que estaban en el ajo. Porque doña Cédula ha tenido una pujanza enorme —150 años de historia y diez de orgías— a tus espaldas.

El martes pasado te deberías haber enterado de que el Estado —o sea, tú— te las vas a comprar. ¿No lo sabías? Pues aplícate al cuento, no te pase como con la crisis, que te creías que no iba contigo.

A Cédula Hipotecaria la han puesto de moda Zapatero y Pedro Solbes cuando han hablado de las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis. E, inmediatamente, los gestores de las cajas y de los bancos se han vuelto a enamorar de ella. A guardarla y arroparla con mimo. La razón es que el Tesoro se las va a comprar. El éxito o el fracaso de esa compra puede tener una enorme influencia en el futuro de la crisis económica.

Si además te contamos que tiene un origen romántico y alemán (la Guerra de los Siete Años, a mitad del siglo XVIII), con toque del glamour francés de los salones parisinos de la segunda mitad de siglo, y que en España se pusieron de moda en 1872, quizá el asunto te interese un poco.

El cuento es como sigue

Cuando, el martes pasado, Zapatero anunció la creación de un fondo con 30.000 millones de euros ampliables hasta 50.000 para comprar activos a bancos y cajas, el primer nombre que pensaron los expertos para sustituir a la palabra ‘activos’ fue cédulas hipotecarias. Zapatero ha puesto en marcha la creación de un fondo para comprar a los bancos y a las cajas, sobre todo, ‘cédulas hipotecarias’.

¿Qué quiénes son esas señoras? Según el glosario de términos de la ‘Guía financiera básica’ que acaba de publicar edufinet, el portal de educación financiera de Unicaja, “las cédulas hipotecarias son títulos emitidos por una entidad de crédito con la garantía de la totalidad de la cartera de préstamos hipotecarios de dicha entidad emisora”. No es muy literario, pero se entiende ¿no? Sobre todo si uno se para a pensar en una cosa tan sencilla como una hipoteca, que es el contrato que se firma con una entidad financiera que presta el dinero para comprar una casa.

La caja o el banco que nos da la hipoteca lo hace gracias a que otras personas han llevado sus ahorros a esa entidad para que se los guarden, pero pagándoles un interés, un dinerito mensual por dejar su dinero ahí. Ocurre que las cajas y los bancos no tienen bastante con esos depósitos. Hace tiempo que tuvieron que buscar otras formas de captar más dinero para prestar a sus clientes, esos tipos hasta hace poco ansiosos de comprarse un apartamento de 40 metros cuadrados, un pisito para primera vivienda, un ‘chaletito’ en el campo o en el pueblo. La forma de obtener más dinero para seguir prestando era emitir ‘papel o títulos’, bonos con garantía hipotecaria. Para los finos, en el sistema anglosajón se llaman ‘covered bonds’. En España son, desde hace más de siglo y medio, cédulas hipotecarias, nuestra dama de hoy.

Estas señoras tienen una garantía importante. Están doblemente protegidas, porque al emitirlas en los mercados son respaldadas por la entidad que las saca a la venta y por todos aquellos prestamos hipotecarios que ha hecho la caja o el banco que los emite, pero con ciertos requisitos. La legislación española establece que el préstamo sea por un máximo del 80% del valor de la propiedad para hipotecas residenciales y de un 70% en el caso de propiedades comerciales. La ley también limita la emisión de cédulas a un máximo del 90% del valor de la cartera hipotecaria susceptible de ser utilizada como garantía.

La dama abandonada

¿Qué ha pasado en los últimos tiempos para que esta dama tan sólida fuera desechada? Pues que desde que en agosto del año pasado estallara la crisis de las subprime o hipotecas basura, todo lo que llevara el apellido hipoteca ya estaba estigmatizado. La demanda de las cédulas hipotecarias por parte de los inversores se paró en seco por el temor a la contaminación. Y de poco sirvió el hecho real de que las cédulas hipotecarias fueran los bonos más seguros después de los del Estado, precisamente porque la entidad financiera que los emite es la responsable de título, con dos garantías como las que ya hemos explicado. Para colmo, las cédulas tienen la mejor nota, Triple A, que en lo que a medidas de señora o caballero se refiere, equivaldría a Cuerpo Diez.

(EFE)

Solbes se lanza a por la repudiada cédula hipotecaria.

Pero ni el cuerpo diez, ni el bikini o los calzoncillos tanga o leopardo les sirvieron de nada a estas damas de más de siglo y medio. El pasado mes de noviembre, los ciudadanos de a pie seguían andando tan panchos por la calle sin enterarse de que por primera vez en la historia, el mercado de cédulas hipotecarias se cerraba. Ya nadie las quería. cinco meses después, tras varios intentos de resucitar con emisiones de los grandes como Abbey (Santander) o Banco Popular, el pujante negocio de las cédulas se quedaba tan congelado como si de una pobre momia se tratara. Es decir, las entidades financieras españolas se quedaron compuestas y sin una de sus mejores fuentes de recursos para recoger dinero y seguir prestando. Esa ha sido una de las graves razones de la falta de dinero entre bancos y cajas, y todo porque el apellido ‘hipotecario’ había quedado contaminado. En unos mercados en los que se trabaja al corto plazo y llenos de miedo, de nada le servían a las cédulas sus garantías.

Por eso, una de las formas que el Gobierno ha encontrado de inyectar ‘liquidez’ al sistema ha sido la de comprar a los bancos y las cajas las enormes cantidades de cédulas hipotecarias que tienen guardadas, con garantía Triple A (o piel de lujo, vamos). Para conseguir esos entre 30.000 y 50.0000 millones de euros que el Estado va a comprar en cédulas a bancos y cajas, el Tesoro emitirá primero deuda pública, que comprarán los inversores. Y el dinero que recoja de esas emisiones, se lo prestará a los bancos y las cajas a cambio de las ya famosas y cansadas cédulas hipotecarias. Además, el Tesoro les cobrará un tipo de interés mayor por el préstamo que el que paga por la emisión de deuda pública. Por eso, Solbes anoche decía lo de que el plan anticrisis no te costará ni un céntimo.

Sólo para románticos

Si has llegado hasta aquí, ahora lo prometido es deuda. La historia peliculera de la pobre y digna señora Cédula Hipotecaria. Debes saber que, a finales del siglo XVIII, Alemania padecía una crisis económica importante (por favor, no comparar con la actual) como consecuencia de la Guerra de los Siete años. Unos tipos listos se inventaron las ‘Landschaften’ —la primera nació en Silesia en 1770—, unas instituciones que se dedicaron a emitir unas cédulas de crédito con garantía hipotecaria. Así que ya sabes, el papel emitido por las Landschaften son las tatarabuelas de las cédulas de hoy.

Después llegaron los franceses para suavizar el estilo teutón de estas señoras y, en 1852, en París se crea la Societe du Crédit Foncier. Prueba a decirlo con acento francés, y la boquita en forma de ‘OU’, verás cómo suena más glamuroso, que dirían los cursis. La Societe du Crédit emitía títulos que se devolvían o se sorteaban y su importe se destinaba a la concesión de préstamos hipotecarios para inmuebles.

En España, la cosa no culmina hasta el año 1872, cuando se crea por Ley el Banco Hipotecario de España, que se queda con el derecho de explotar solito a las pobres cédulas hipotecarias. Porque durante décadas, fue el Banco Hipotecario el único que podía emitirlas. Y el BHE se quedó con este privilegio exclusivo durante 99 años. Por fin, en 1981, la Ley reguladora del mercado hipotecario y después, en 1988, la Ley de Disciplina e Intervención de las Entidades de Crédito cambia a los actores del crédito hipotecario y nos acerca a la situación actual, la de hace unos meses, cuando pasaron de ser un instrumento querido y explotado a lo bestia durante los años del boom inmobiliario, a ser unas apestadas de la noche a la mañana.

Si has llegado hasta el final y tienes ganas de seguir con un tema con tanto morbo, puedes bajarte de la red la conferencia de José Luis Valle Muñoz sobre ‘el mercado Hipotecario y el Registro de la Propiedad’. ¿Que no tiene morbo?

Fuente: http://www.soitu.es/soitu/2008/10/09/actualidad/1223568245_318730.html.

Descargar:  Riesgos células hipotecarias

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